El gimnasio privado y la química peligrosa

La recaída de mi padre fue grave, pero logramos estabilizarlo. Pasamos toda la noche en el hospital y regresamos a la mansión al amanecer. Apenas dormí tres horas. Cuando desperté pasadas las once de la mañana, la casa estaba en silencio. Adrián se había ido a la oficina, pero dejó una nota sobre mi mesita:

“Descansa. Esta tarde te espero en el gimnasio privado a las 5. Necesitamos hablar… y liberar tensión.”

Leí la nota varias veces. Mi cuerpo todavía recordaba el calor de sus manos y el sabor
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