El nombre de Apex Holdings parpadeaba en la tableta electrónica con una frialdad matemática. Quince por ciento de nuestras acciones flotantes devoradas en menos de diez minutos. No era una simple estrategia de inversión; era un ataque militar ejecutado en Wall Street.
Me levanté de la silla de obsidiana, sintiendo cómo la adrenalina corporativa borraba cualquier rastro del cansancio de la noche anterior. Miré a Adrián, cuyos ojos oscuros inyectaban una furia contenida que amenazaba con hacer es