La voz del verdadero Dante Varela resonó en la sala de juntas, espesa y cargada de un veneno forjado en diez años de exilio.
Mateo Salazar, el autoproclamado "Abogado del Diablo", demostró ser solo un cobarde de traje caro cuando se le arrebató su escudo digital. Pálido, sudando frío y con los ojos desorbitados, corrió hacia las pesadas puertas de roble de la sala de juntas.
Pero antes de que sus dedos rozaran el pomo, las puertas se abrieron con una violencia que hizo temblar los cristales.
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