Mundo ficciónIniciar sesiónIndianna no había visto a su madre en toda la tarde.
Había subido directamente a su habitación y se había dejado caer sobre la cama, incapaz de dejar de pensar en la cena que tendría con Greyson.
Estaba sudando.
No sabía si era por la fiebre... o por los nervios.
Las siete de la noche llegaron demasiado rápido.
Con el estómago revuelto, bajó las escaleras vestida de forma sencilla: unos jeans azules, una blusa blanca con los hombros descubiertos y un abrigo beige colgado sobre el brazo.
Nada elegante.
Después de todo, lo último que quería era pasar la noche con Greyson.
Se sorprendió al ver a su madre salir de la cocina. Llevaba un delantal y un paño de cocina entre las manos.
—¡Indie, ahí estás! —la llamó Iris con una sonrisa—. Justo estaba preparando...
Su mirada recorrió la ropa de Indianna y frunció el ceño.
—¿Vas a salir?
—Sí.
—¿Adónde?
—No lo sé —respondió con sinceridad.
Miró la hora en su teléfono.
Las 7:00 p. m.
—Bueno... me alegra ver que estás haciendo amigos —dijo Iris con una sonrisa tímida—. Sé que para ti... relacionarte con la gente no es fácil.
Indianna señaló incómodamente la puerta.
Deseaba que aquella etapa en la que su madre fingía interesarse por ella terminara cuanto antes.
Era mucho más sencillo cuando Iris simplemente la ignoraba.
Había olvidado cómo hablar con su propia madre.
Todo se sentía forzado.
Artificial.
—Tengo que irme. Grey...
Se interrumpió de golpe.
Sus ojos se abrieron de par en par.
Maldijo en voz baja justo cuando vio las cejas de Iris elevarse.
—¿Greyson? —repitió su madre—. ¿Vas a salir con Greyson Evans?
—¡N-no! No voy a salir con él.
Sacudió la cabeza enseguida.
—Solo... tenemos que hablar. Será esta única vez.
La expresión de Iris cambió por completo.
—¡Debes mantenerte alejada de ese muchacho!
Su voz sonó mucho más dura.
—Es un problema. Ese chico solo trae desgracias. Quédate en casa esta noche. No vas a verlo.
Por primera vez en mucho tiempo...
Indianna quería hacerle caso a su madre.
Pero sabía que no podía.
—Si no salgo de esta casa en el próximo minuto, las dos sabemos que él va a tocar la puerta.
Suspiró.
—Será solo una vez.
—¿Y qué puede tener Greyson que tú quieras?
—Respuestas.
La respuesta fue inmediata.
—A menos que quieras contarme de qué hablaron tú y él el otro día... me voy.
El rostro de Iris perdió el color.
—Y-yo... no sé de qué estás hablando.
Negó con rapidez.
—No puedes ir con él, Indie. ¡Va a alejarte de mí!
Indianna dejó escapar una sonrisa triste.
—Tú fuiste quien me perdió hace mucho tiempo, mamá.
Sin añadir nada más, salió de la casa.
Greyson la esperaba dentro del coche con el motor encendido.
Consultó su reloj cuando la vio acercarse.
Chasqueó la lengua.
—Las siete con tres.
—Considérate afortunado de que haya venido —refunfuñó Indianna mientras abría la puerta del copiloto y se sentaba.
Se giró para mirarlo.
Greyson se remangó lentamente la camiseta negra.
Luego se inclinó hacia ella y apartó con delicadeza un mechón de cabello que caía sobre su rostro.
Indianna se quedó completamente inmóvil.
El contacto volvió a provocar aquella extraña corriente que recorría todo su cuerpo cada vez que él la tocaba.
Un cosquilleo agradable.
Intenso.
Incontrolable.
Contuvo el aliento.
Jamás había sentido algo parecido.
—Hoy no llevas los lentes, preciosa.
—Solo los uso en la escuela.
Evitó mirarlo a los ojos.
Greyson sonrió de lado.
—Entonces tendré que asegurarme de verte fuera de la escuela.
Sus ojos se clavaron en los de ella.
—Así podré pasar más tiempo mirándote.
Indianna se removió incómoda en el asiento.
Greyson soltó una risa baja antes de volver a apoyar ambas manos sobre el volante.
—Será mejor que nos vayamos.
—¿Adónde vamos?
—No lo conocerías.
Su respuesta fue tan despreocupada que Indianna resopló.
Pocos minutos después, mientras el coche avanzaba por la carretera, volvió a hablar.
—Mi madre me dijo que me mantuviera alejada de ti.
Las comisuras de los labios de Greyson se elevaron.
Dejó escapar una risa breve.
—Me lo imaginaba.
La miró de reojo.
—Me alegra saber que no soy el único al que ignoras.
Indianna decidió no responder al comentario.
—¿Cómo conoces a mi madre?
—Más tarde.
—Ahora.
Frunció el ceño.
—Me prometiste respuestas.
—Y las tendrás.
Su voz sonó tranquila.
—Antes de que termine la noche sabrás algunas cosas.
Indianna soltó un largo suspiro.
No debería haber esperado otra cosa de Greyson.
El resto del camino transcurrió en silencio.
Para sorpresa de Indianna...
No era un silencio incómodo.
Y eso era precisamente lo que más le molestaba.
Quería sentirse incómoda.
Quería que compartir un espacio tan pequeño con Greyson resultara insoportable.
Pero no era así.
De algún modo...
Se sentía tranquila.
Y odiaba admitirlo.
No quería sentirse cómoda con alguien que conseguía desesperarla como nadie más.
Estiró la mano para subir el volumen de la radio.
Justo en ese instante, Greyson movió la suya para cambiar de emisora.
Sus dedos se rozaron.
Indianna retiró la mano de inmediato.
Demasiado tarde.
Una descarga cálida recorrió la punta de sus dedos, extendiéndose por la palma y subiendo lentamente hasta su muñeca.
Su cuerpo entero reaccionó.
Y, por un instante absurdo...
Deseó volver a tocarlo.
Quiso sujetar su mano.
No soltarla.
Solo para volver a sentir aquella electricidad.
Frunció el ceño.
Apretó la mano en un puño.
—No tiene sentido intentar ocultarlo, preciosa.
La voz de Greyson rompió el silencio.
Con toda la calma del mundo, deslizó los dedos por el brazo de Indianna.
Una sonrisa de satisfacción apareció en sus labios al notar cómo ella se estremecía.
—Sé que tú también lo sientes.
—Para.







