Los pasos de Elena eran pesados.
El asfalto del Sector Siete raspaba las plantas de sus pies casi entumecidos. La chaqueta demasiado grande que llevaba no bastaba para protegerla del frío de la noche. Su respiración era irregular, entrecortada, y cada inhalación se sentía como una cuchilla desgarrándola por dentro.
Se detuvo un instante bajo la sombra de un farol tenue.
Su mano fue directamente a su vientre.
—Un poco más… —susurró con voz baja—. Aguanta un poco más…
Agua limpia.
Eso era lo únic