Diego subía las escaleras de mármol a grandes zancadas, su respiración bramaba baja mientras avanzaba a toda prisa. Sus brazos estrechaban el cuerpo de Elena con fuerza, asegurándose de que la cabeza de la joven descansara a salvo en el hueco de su cuello. Podía sentir el calor abrasador de la piel de Elena filtrándose hasta sus palmas. Los músculos de los brazos de Diego se tensaron y las venas del dorso de sus manos resaltaron mientras sostenía el peso del cuerpo de Elena, que yacía desplomad