La mansión Lewis Benson era majestuosa, imponente… pero para Anne, sus paredes hablaban en susurros fríos. No de secretos, sino de ausencias.
Tenía quince años y estaba sentada en el borde de la ventana de su habitación, mirando el jardín perfectamente podado. El cielo estaba gris, como siempre lo estaba en los días en que Eleanor se volvía más cruel de lo habitual. Había pasado toda la tarde en la biblioteca, no porque le gustara leer, sino porque Eleanor la había castigado por “responder de f