La noche cayó sobre la mansión con un silencio pesado, pero dentro de Eleanor no había calma posible. Se había acostado temprano, aunque el cansancio no era físico, sino mental. Desde que la nota había llegado a sus manos, su cabeza no encontraba reposo. El mensaje se repetía en su mente como un eco sin fin:
“Los ecos de las tumbas resuenan, y más cuando vienen del viento y el cielo.”
Se giró en la cama una y otra vez, incapaz de hallar consuelo entre las sábanas de seda. El cuarto estaba en pe