Eran las 7:30 p.m. Todo estaba en calma, demasiado. En la cocina, el olor a salmón horneado llenaba el aire junto al aroma dulce de la tarta de limón. Había pedido una cena sencilla pero acogedora. Era la primera vez que Patrick cenaba en la casa desde hacía meses. Y esta vez, no era solo una cena.
Alexander ya estaba en casa. Se había quitado el saco y aflojado la corbata apenas cruzó la puerta. Se acercó a mí, me abrazó y dejó un beso en mi frente. No necesitábamos muchas palabras. Él sabía l