La cena se servía en el gran comedor de la mansión Lewis-Benson. La mesa, de madera oscura y reluciente, estaba adornada con candelabros clásicos y vajilla fina. El aroma a cordero al romero flotaba en el aire, mezclado con las risas suaves y las conversaciones entre los hombres que ya esperaban. Anne entró con una mano en su vientre, instintivamente, aunque apenas había comenzado a notarse. A su lado, Alexander la ayudó a tomar asiento con ese cuidado casi exagerado que tenía desde que descubr