El silencio que siguió a las palabras de William fue más profundo que cualquier conversación que hubieran tenido en años. Solo se escuchaba el viento meciendo las hojas de los árboles del jardín y, a lo lejos, el murmullo de una fuente. El rostro de Gabriel era una máscara de seriedad. Alexander miraba fijamente su copa vacía. Patrick apretaba los puños bajo la mesa, y Anne… Anne no apartaba la mirada de William.
Por primera vez en su vida, él deseó no estar ahí.
—¿Qué dijiste? —repitió Jonah J