Cap. 74
LA CAMPESINA
Las escaleras parecían más largas de lo que recordaba. Cada paso era un eco en el silencio de la mansión, cada escalón un recordatorio de que no había vuelta atrás. Al final, en el recibidor, William me esperaba con el esmoquin negro y los ojos azules brillando bajo la luz de la araña de cristal.
Cuando me vio, se quedó paralizado.
No exagero. Se quedó literalmente paralizado, con la boca entreabierta y los ojos recorriendo mi cuerpo de arriba abajo como si nunca me hubiera