49: El Mundo Quiere Conocerte.
Narrado por Helena.
El mismo día.
La tarde caía sobre los robles del jardín como un velo de ceniza. Después de la llamada con mis padres, me había quedado en la cama, con el teléfono apretado contra el pecho, sintiendo cómo el peso de todo lo que había pasado comenzaba a asentarse en mis huesos.
No había llorado más. No había rabia. Solo un cansancio profundo, de esos que no se curan con una siesta.
Decidí bajar a la cocina. Necesitaba un té. Necesitaba el aroma familiar del orégano y la canela