Lucy volvió del colegio a las cinco, como cada día. Margaret la había entretenido en la cocina mientras yo curaba a William, pero cuando subió a buscarlo para enseñarle un dibujo, lo encontró en la cama con la mano vendada.
—¡Papá! —Gritó, dejando caer el papel al suelo. —¿Qué te ha pasado?
—Nada, princesa. Un pequeño accidente.
—¿Un accidente? ¡Estás sangrando! —Se acercó a la cama con los ojos llenos de lágrimas. —¿Te duele mucho?
—No duele nada. —La sentó a su lado—. Helena me ha curado. Ya