El amanecer se filtraba por las rendijas de las persianas cuando William se incorporó en la cama. Yo fingí dormir, observándolo a través de mis pestañas mientras se vestía en silencio. El traje gris que eligió, la camisa blanca, la corbata azul que combinaba con sus ojos. Cada movimiento era calculado, preciso. Como todo en él.
—Sé que estás despierta. —Dijo, sin volverse.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque cuando duermes, sonríes.
Me incorporé, dejando que las sábanas cayeran sobre mi pecho. Él se volvi