—Quiero que te vayas —respondió William, con una calma que me llenó de paz—. Quiero que vendas tus acciones. Que devuelvas el dinero que robaste. Que desaparezcas de mi vida, de la vida de mi hija, de la vida de Helena. Para siempre.
—¿Y si me niego?
—Entonces iré a la policía. Con las pruebas. Con el testimonio de Javier. Con la historia de la verdadera Valeria. Con todo. Y esta vez, Laura, no habrá escapatoria. No habrá dobles. No habrá funerales falsos. Habrá una celda. Y pasarás el resto de