Capítulo 32
Negué con firmeza. No podía quedarme en esta manada. Mi deber era cuidar de Ares, de mi futuro esposo, De lo que debía construir aunque el corazón gritara lo contrario, era momento de poner un limite
Xavier extendió la mano hacia mí, suplicante, con los ojos llenos de esperanza, supongo que pensó que despues de lo que pasó regresaría, su mirada era una súplica muda, una necesidad de tenerme cerca
—Por favor… cuídame. Nadie lo hará como tú —susurró.
Su voz era un recuerdo de lo que