Mundo ficciónIniciar sesiónPOV: Valentina
El teléfono no para de vibrar.
Camila. Renata. Lucía. Daniela. Números que no tengo guardados. Prensa. Socios. Directores.
No contesto ninguno.
Estoy sentada en el sillón del living. El mismo donde dormí anoche. El mismo donde Índice Dow duerme ahora, ajeno al desastre. El teléfono vibra contra mi pierna. Lo miro. Camila otra vez.
"Jefa. ¿Vio la noticia? Rodrigo filtró todo. El directorio está convocando una asamblea extraordinaria. Peralta la necesita. ¡Conteste!"
Bajo el teléfono. Lo subo.
No sé qué hacer.
No es que no haya opciones. Hay demasiadas. Y todas duelen.
Opción uno: ir a buscarlo.
Salir de este departamento, subir al auto, ir al Hotel Cendra, preguntar por él, sentarme en el lobby si hace falta, esperar todo el día si es necesario. Decirle que lo siento. Decirle que lo quiero. Decirle que el contrato ya no importa. Que la lista no existe. Que lo único que existe es él y yo y las dos tazas.
Pero si voy, dejo todo esto. El directorio. Peralta. La empresa. Rodrigo ganando sin que nadie lo enfrente.
Opción dos: quedarme.
Llamar a Peralta. Reunir a los directores. Preparar una declaración. Controlar los daños. Enfrentar a Rodrigo cara a cara. Demostrar que puedo con esto, como he podido con todo durante diez años.
Pero si me quedo, él sigue solo en un hotel. Pensando que no me importa. Pensando que nunca le importé. Pensando que solo fue una opción.
El teléfono vibra otra vez.
Renata: "Val. Vi la noticia. ¿Estás bien?"
Escribo: "No."
Renata: "¿Dónde está Sebastian?"
"Se fue. A un hotel. No sé cuál."
"¿Lo vas a buscar?"
"No sé."
"Valentina. Él te quiere. Eso se nota. Pero ahora tu empresa se está quemando. Tienes que decidir qué es más importante."
"No sé qué es más importante."
"Entonces piensa. Pero rápido. Porque el tiempo no espera."
Cierro el chat. Abro el de Camila.
Camila: "Jefa. Peralta dice que necesita una declaración suya en una hora. Rodrigo ya habló con tres directores. Si no hace algo, van a convocar la asamblea antes de que pueda reaccionar."
"Dile a Peralta que lo estoy pensando."
"¿Pensando qué? ¡No hay tiempo para pensar! ¡Tiene que actuar!"
"Camila. No sé si voy a buscar a Sebastian o si voy a quedarme."
Silencio.
Camila: "¿Qué?"
"Que si voy a buscarlo, dejo que Rodrigo gane terreno. Si me quedo, él se queda solo en un hotel pensando que no me importa."
"Jefa."
"Dime."
"Usted lo ama."
No respondo.
"Usted lo ama. Y él la ama. Eso es más importante que cualquier asamblea. El directorio va a estar ahí mañana. Rodrigo va a seguir siendo Rodrigo. Pero si pierde a Sebastian, no va a recuperarlo nunca."
"¿Y si voy y no me recibe?"
"Entonces lo espera. Usted no se rinde, jefa. Nunca se rinde. No empiece ahora."
El teléfono vibra otra vez.
Lucía: "Pensando en ti. Aquí estoy." Un emoji de corazón. Nada más. Su forma de decir estoy aquí, pase lo que pase.
Daniela: "Vi la noticia. No voy a darte consejos. Solo quiero que sepas que pase lo que pases, vas a estar bien. Porque siempre lo estás. Pero no confundas estar bien con estar sola. Son dos cosas distintas."
Las miro. Cuatro mensajes. Cuatro formas distintas de quererme.
Camila empujándome a ir.
Renata diciéndome que decida rápido. Lucía acompañando sin palabras. Daniela confiando en que voy a estar bien, pero advirtiéndome.Ninguna me dice lo que tengo que hacer. Porque ninguna puede decidir por mí.
Miro el póster de Simone de Beauvoir.
—¿Qué hago? —le pregunto.
Simone no responde.
Pero pienso en lo que escribió. La mujer no nace, se hace.
Me hice sola. Durante diez años. Sin pedir permiso. Sin arrastrarme por nadie.
Pero esto no es arrastrarse. Esto es elegir.
O tal vez sí es arrastrarse. Tal vez Isabel tiene razón. Tal vez estoy confundiendo el amor con la necesidad de no estar sola.
¿Cómo saberlo?
Llevamos meses. No años. Meses Todo pasó demasiado rápido. El contrato, la convivencia, la noche del escritorio, la conferencia, la filtración. Una cosa detrás de otra sin tiempo para pensar.
¿Lo quiero? ¿O me acostumbré a él? ¿O tengo miedo de volver a estar sola después de no estarlo?
No lo sé. Y no saberlo es peor que cualquier otra duda.
El teléfono vibra. Peralta: "Valentina. Necesito que me llame. Ahora. Rodrigo ya habló con cuatro directores. Si no actuamos hoy, mañana la asamblea será un hecho. No podemos permitir eso."
Lo miro. No llamo.
Camila: "Jefa. Peralta está desesperado. Dice que si Rodrigo consigue un voto más, la asamblea se define esta semana. No tenemos tiempo."
Esta semana. No días. Horas.
No tengo tiempo para ir al hotel y volver. No tengo tiempo para sentarme en un lobby a esperar. No tengo tiempo para nada.
Tengo que elegir. Ahora.
Renata: "¿Decidiste?"
Escribo: "No."
Renata: "¿Qué te dice el cuerpo?"
"Que me duele todo."
"No es eso. ¿Qué te dice? ¿Ir o quedarte?"
Cierro los ojos.
El cuerpo dice que lo extraña. Que la cama está vacía. Que la cocina no funciona sin las dos tazas. Que el silencio del departamento es insoportable.
Eso es verdad.
Pero ¿extrañarlo es amor? ¿O es solo no querer estar sola?
Isabel dijo que no me arrastre. Que no mendigue. Que una mujer no necesita un hombre para ser completa.
Ella tiene razón. En teoría.
Pero la teoría no abraza por las noches. La teoría no prepara dos tazas de café sin que nadie se lo pida. La teoría no se queda en tu cama cuando todo se derrumba.
¿Eso es amor? ¿O es solo comodidad?
El teléfono vibra. Camila otra vez.
"Jefa. Peralta dice que necesita una respuesta. ¿Qué le digo?"
"Que espere."
"¿Que espere qué?"
"Que espere a que sepa lo que siento."
Silencio.
Camila: "¿No lo sabe?"
"No. No sé si lo que siento es amor o es miedo a estar sola. No sé si vale la pena arriesgar todo por alguien que conocí hace semanas. No sé nada, Camila."
"Jefa."
"Dime."
"El amor no se mide en tiempo. Se mide en lo que estás dispuesta a perder por él."
Miro la pantalla.
"¿Y si pierdo y después descubro que no era amor?"
"Entonces habrás perdido. Pero habrás intentado. Eso es más de lo que hace la mayoría."
Apoyo el teléfono en la mesa.
Camila tiene razón en una cosa: el amor no se mide en tiempo.
Pero tampoco se mide en intensidad. Se mide en las decisiones.
Y yo tengo que decidir sin saber.
Sin saber si es amor. Sin saber si él va a perdonarme. Sin saber si el directorio va a destituirme. Sin saber nada.
Solo con esto. Con lo que siento. Con lo que duele. Con lo que quiero.
Miro mis manos. Las llaves.
Miro la puerta.
La autonomía no se negocia. Eso dije.
Pero la autonomía no significa no elegir. Significa elegir con libertad.
Y yo soy libre de ir. Libre de quedarme. Libre de equivocarme.
El miedo no puede decidir por mí. Isabel no puede decidir por mí. Camila tampoco.
Solo yo.
Me levanto.
Índice Dow abre un ojo. Me mira.
—¿Voy? —le pregunto.
Índice Dow no opina. Los gatos son sabios. No opinan cuando no saben.
Las llaves en la mano. La puerta enfrente.
Un paso.







