La maravillosa noche había llegado, envuelta en un aire de expectativa y un murmullo de lujo que se colaba por cada rincón del salón. Las luces doradas de la gran gala iluminaban la fachada del imponente hotel, mientras los invitados iban llegando uno a uno, envueltos en trajes elegantes y perfumes caros.
Tiago no tenía ni idea de lo que estaba por venir. Creía que sería una noche como cualquier otra: sonrisas ensayadas, conversaciones estratégicas y un par de copas para disimular el tedio. Per