La mañana despertó con un cielo plomizo, un gris espeso que parecía presagiar tormentas contenidas. La luz tenue se filtraba entre las cortinas, dibujando sombras difusas sobre la alfombra. Una brisa suave, cargada del olor a tierra mojada y hojas húmedas, agitaba los pliegues de tela como si el clima supiera que algo se había roto la noche anterior… o tal vez, algo apenas había comenzado.
Jimena abrió los ojos con lentitud, como si temiera enfrentarse al mundo. Sus pestañas aún pesaban, pegada