Abriendo el corazón (1era. Parte)
La misma noche
Palermo, Sicilia
Adler
Dicen que la rabia no es buena consejera. Que cuando se cuela en la sangre, lo hace como un veneno lento, nublando el pensamiento hasta convertirnos en bestias sin razón. Nos descontrola, nos arrastra como una corriente feroz que nos ahoga antes de darnos cuenta de que nos metimos demasiado hondo. Y lo peor… es que cuando abrimos los ojos, ya es tarde. El desastre está hecho, las ruinas a nuestros pies, y no hay vuelta atrás.
Tal vez sea parte de nuestra es