El impacto contra el suelo del sótano fue brutal. Antonio amortiguó la caída de Mia con su propio cuerpo, quejándose de dolor mientras el aire le abandonaba los pulmones. Estaban en una red de túneles de mantenimiento bajo la Torre Sepúlveda, un laberinto de tuberías y cables que Antonio conocía como la palma de su mano. La caída había sido de más de veinte metros, pero la basura compactada en el fondo del conducto de residuos había evitado que se estrellaran contra el hormigón.
—Mia... ¿e