El tiempo en el laboratorio no existía. Los días y las noches se fusionaban en una tortura de luz fluorescente y el zumbido constante de la maquinaria. Mia era interrogada sin cesar sobre el origen de Leo, sobre los detalles de su nacimiento, sobre cada peculiaridad de su salud. A cambio de su cooperación, le permitían ver a Leo a través de la pared de cristal, aunque nunca podía tocarlo.
Leo estaba en una cápsula de aislamiento, conectado a un sinfín de tubos y electrodos. No parecía asus