Capítulo 16: Sombras en la Ciudad
El regreso a la capital fue un descenso a los infiernos envuelto en el disfraz de la cotidianidad. Antonio conducía una camioneta vieja, un armatoste de metal oxidado que olía a tabaco rancio y a décadas de trabajo pesado. El motor tosía con cada cambio de marcha, un sonido que para Antonio, acostumbrado al silencio quirúrgico de sus coches blindados, resultaba una tortura constante. A su lado, Mia mantenía a Leo oculto bajo una manta de lana áspera en el suelo de la cabina. El niño no se quejab