La presencia de los oficiales de policía hacía que todo el ambiente se sintiera demasiado solemne, demasiado pesado para mi gusto. Los pocos días que había pasado en la casa de Catalina habían sido tan dichosos que casi podía compararlos con mi tiempo con Alex en el condominio frente a la playa. Mañanas tranquilas, risas fáciles, el tipo de normalidad que no me había dado cuenta de que tanto anhelaba. Ahora esa frágil paz se sentía hecha añicos.
Esperé pacientemente en la cocina mientras el che