Los días estaban pasando y Sara no sabía nada de Alan, estaba aún en el hospital, porque su estado era más complicado de lo que ella creía, las preocupaciones de los últimos tiempos, lograron que su corazón se debilitara más.
Sara observó la habitación en la que se encontraba y con cuidado, se levantó de esta para acercarse a la ventana. Con paso lento, llego a ella y tomo asiento en la silla que su padre trajo para ella hace un par de días.
—Espero que cuando estés grande, mi niña, recuerdes