85. Pequeños fragmentos.
Zaira
Desperté con una sensación extraña en el pecho.
No era dolor, era algo más profundo. Como si mi corazón reconociera el lugar antes que mi mente. La habitación era amplia, elegante, silenciosa. Las cortinas dejaban pasar una luz suave que me obligó a parpadear varias veces. Respiré hondo.
Estaba a salvo y ya no debía temer.
Eso lo sabía con certeza, aunque no recordara todo.
Mi cuerpo estaba cansado, pero tranquilo. Mis manos descansaban sobre mi vientre por pura costumbre, y fue entonces