84. Odio.
Leonardo
El revólver apuntándome al pecho me hizo reaccionar demasiado tarde.
Angélica estaba frente a mí, con los ojos desquiciados, las manos temblorosas sujetando el arma como si su vida dependiera de ello o la mía.
—Si no eres mío, Leonardo Valverde, no serás de nadie —escupió con odio—Mucho menos de esa maldita Zaira, la odio con todo el alma. Yo tenía que darte un bebé no ella.
—Angélica, baja el arma —le dije con voz firme, aunque por dentro todo me ardía—. No hagas una estupidez de la q