67. Ella era todo lo que me importaba.
Zaira
No podía estar más que feliz al ver a mi bebé. Era una pequeña niña rubia, blanquita, hermosa. Apenas lloraba. Tenía solo unos días de nacida y yo aún seguía hospitalizada; la fiebre me había atacado con fuerza y estaba anémica. Por eso mamá tuvo que darle fórmula. No podía amamantarla, y aunque me dolía aceptarlo, no había otra opción.
Leonardo seguía aquí, sin despegarse. Solo se había ido a darse un baño; regresó con la fórmula, vio a la niña y preguntó por mí. Quería verme. Pero
yo