55. Entre la espada y la pared.
Leonardo
Desesperado, llamé a mi madre y respondió enseguida.
—Hola, Leonardo. ¿Qué sucede? ¿Por qué has llamado? Tú nunca llamas... me sorprende ver tu nombre en la pantalla.
—Vaya, me alegra que no hayas dudado en contestar —le respondí con cierto tono hostil—. No quiero hablar de maternidades ahora. Necesito hablar contigo de un asunto que me tiene completamente desconcertado.
—¿De qué asunto hablas? —preguntó.
Solté un suspiro cargado de tensión. Estaba agotado.
—Tengo unos documentos de mi