50. Es mejor que me dejes.
Leonardo
Los gritos de Angélica me estaban provocando un dolor de cabeza insoportable. Ya no podía más con ella. Su chofer intentaba meterla al coche mientras yo respiraba hondo, exasperado.
—Señorita, por favor, es mejor irnos.
—Desde cuándo tu das órdenes — le grito al pobre señor.
—Llévatela a la capital —ordené con firmeza—. Ahora mismo llamaré a su padre.
—¡Leonardo, tú no puedes hacerme esto! —chilló ella.
Me llevé una mano al pecho, sintiendo un pinchazo de dolor y fastidio.
—Llévatela,