45. No son primos.
Zaira
Mi bebé se movía constantemente, y eso me tenia intranquila, inquieta, tenia como una angustia, miraba la hora una y otra vez. Tenía ganas de preguntarle a Leonardo a qué hora vendría, pero él se había ido hace poco… ¿por qué era yo tan necia? Mas rápido se iba aburrir, conociendo lo obstinado que era.
Griselda había venido esta mañana y me trajo muchas frutas y algunos dulces —que me encantan—, pero no tenía deseos de comer nada. Un mal presentimiento comenzó a presionarme el pecho.
De repente, uno de los peones vino corriendo a toda prisa, agitado, preguntando por el señor Marcos.
—No está aquí —contestó Griselda.
Yo me quedé viéndolo, preocupada. El hombre respiraba con dificultad, como si hubiera corrido kilómetros.
—¿Qué pasa? —pregunté consternada.
—El señor Leonardo… está grave. Recibió un disparo.
—¿Qué? ¿Cómo sucedió? —gritó Griselda, llevándose las manos a la boca. Yo me quedé en shock, como si mis pensamientos se hubieran congelado.
—¿Dónde está? Llévame con él —pedí