44. Bala perdida.
Leonardo
Había logrado que Zaira se enamorara de mí. Aun así, aquella noche estaba tan callada que ni siquiera quiso cenar. Su madre y el niño también permanecían serios, sin dirigirme palabra. Marcos me había dicho que tal vez me encontraría con la hija de la señora, sin embargo, la mujer nunca apareció en el restaurante. No dije nada porque, al final, ese no era mi asunto. Mi incumbencia era Zaira… y lo bueno es que no había salido con ellos. Quizá se hubiera escapado, buscando la primera opo