37. La extraño.
Leonardo
No aguanto más. Mi pene está a punto de estallar bajo mi pantalón, pero no puedo hacer nada más que darle placer a ella. Y aún más al escuchar que me necesita. Porque sí, yo también la necesito como un loco… pero no puede ser de esta manera, no sabiendo cuál es realmente mi propósito con ella.
Al verla tan cerca, me recosté en la cama y ella hizo lo mismo. Luego vi cómo su mano se acercaba y comenzaba a tocarme. Quise alejarme, pero su forma de hacerlo era tan excitante que terminé dejándome llevar.
—Quiero otorgarte el mismo placer —aseguró.
La miré. No era necesario, sin embargo, sus labios ya estaban cerca, jugando con mi miembro erecto.
La sensación fue tan reconfortante que acaricié su largo cabello y luego bajé mi mano a su pecho, jugando con uno de ellos, sintiendo que en cualquier momento iba a perder el control. La aparté de repente y corrí al cuarto de baño, terminando allí, rendido ante el placer que me había provocado.
Salí y cargué a Zaira, llevándola conmigo a l