32. Moría por verla.

Leonardo

La semana había pasado tan rápido. Niurka había hecho un buen trabajo al traerme a su galería en Singapur. Conocí a muchas personas y a varios asiáticos a quienes les interesaron cada una de mis pinturas y el trabajo que hacía; incluso vieron mis bocetos de esculturas, por lo que me contrataron para realizar una escultura del antiguo palacio donde vivió uno de los monarcas de hace muchos años. Con todo eso logré más colaboraciones y éxito, y estaba muy agradecido con Niurka. Ya solo nos quedaba esta noche para regresar a nuestro país.

Por eso ella me pidió que la llevara a bailar, y eso era justamente lo que estábamos haciendo. Bailábamos mientras la noche avanzaba; tomamos un poco de daiquirí, pero ella a cada rato me insinuaba. Yo sabía con exactitud que quería que la llevara a la cama, y quizá lo haría, porque era hermosa y su cuerpo era perfecto. Niurka moría por acostarse conmigo y soy hombre, no lo voy a negar de lo sensual que se ve esta noche. Después de aquella noche
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