33. Inaceptable.
Leonardo
Rápidamente llegué al hospital y encontré a Marcos y a la madre de Zaira sentados en la sala. Los ojos de la señora lucían rojos e hinchados. Marcos se levantó al verme y me estrechó la mano.
—¿Cómo se encuentra? —pregunté tratando de no sonar preocupado, porque sinceramente me dolía verla así y no quería que Marcos lo notara.
—Gracias a Dios, ella está fuera de peligro. No obstante, aún no reacciona; lleva dos días inconsciente, pero su corazón late normal y el bebé también está bien.
Internamente agradecí a Dios.
—Quisiera saber cómo sucedió eso. ¿Cómo fue posible que una víbora de esa clase picara a Zaira en el campo? ¿Qué andaban haciendo ahí? —pregunté, observando a la señora Nadia. Ella ni siquiera levantó la mirada para verme.
Marcos carraspeó.
—Mejor habla con ella cuando esté mejor —sugirió.
Sin embargo, esa duda me carcomía desde que venía en el avión.
—Creo que ella anda buscando cómo hacerle daño a la criatura —repliqué, molesto.
La madre de Zaira levantó la mirad