Leonardo
El médico estaba revisando a Zaira. Le tomó la presión y, aparentemente, se le había disparado. En ese momento me invadió la culpa. Maldita sea, todo lo que le dije la tenía estresada. Pero ¿por qué me importa? Se suponía que era un castigo, ¿no? Pero tampoco así. Está esperando un hijo y necesito verificar si ese bebé es mío. Y aunque no lo fuera, no podía actuar de esa manera. El inocente no tiene la culpa de la mujer que tiene por madre. Tenía que controlarme y comportarme como alguien sereno.
Celina estaba afuera; no quería que entrara, y descubriera que, Zaira estaba embarazada, y no quería complicar las cosas. Cuando el médico me preguntó si estaba al tanto, le dije que sí, pero le pedí que no comentara nada. Él asintió y me tendió una pastilla
—Désela cuando despierte —me indicó—. Le hará bien. Y que guarde reposo por ahora, es necesario que ella vaya a ver a su ginecóloga y que le realicen un control para ver si padece de la presión.
—Esta bien.
—Bien, por ahora que d