29. Ella es la desgracia que me persigue.
Zaira
Daba vueltas en la habitación, nerviosa, intentando mantener la calma. Pero ¿cómo demonios iba a estar tranquila si ahora había metido la pata? Bueno… no yo exactamente, sino que el señor Leonardo, el no quería que nadie se enterara de nuestra relación secreta. Pero lastimosamente su hermana se entero y no se como lo supo.
Mamá estaba sentada en el sofa junto a mi sobrino. Ambos hablaban sin parar, pero yo ni siquiera les prestaba atención. No sabía qué hacer ni qué decir. Me llevé las manos a la cabeza, sintiendo cómo el dolor me punzaba un poco más allá de las sienes. Tenía que tranquilizarme y no estresarme; la presión la tenía disparada y eso era peligroso. Por esa razón no podía enojarme.
—Es muy educada y linda —mencionó mamá.
—Sí, tita, y lo más lindo es que ella me enseñó a dibujar un hermoso paisaje —agregó mi sobrino.
Mamá parecía una cotorra, sin parar de hablar, y mi sobrino igual. Yo solo quería gritarles que se fueran a descansar y me dejaran sola. Necesitaba pensa