15. Indignada.
Zaira.
Por la mañana ya estaba vestida y lista para salir un momento. Bajé al salón y solo se encontraba una de las domésticas.
—Buenos días, señora —saludó, para luego continuar con su labor. Noté que mi madre aún dormía, así que desistí de ir a molestarla.
María apareció y se acercó a mí. Estaba seria.
—María, buenos días —le hablé, y ella me sonrió.
—Buenos días, señorita. ¿Desea desayunar algo en especial?
—Lo que sea, por mí está bien. Pero puedo hacerlo en el jardín.
—Claro que sí. Se lo