ASTRID
El cielo estaba cubierto por una neblina suave cuando abrí los ojos. Por un instante, juré que veía a Ronan frente a mí. Su silueta, alta, fuerte, como siempre. Pero al parpadear con fuerza, el rostro cambió: era un chico joven, de cabello revuelto y mirada noble. Me observaba con atención.
—¿Estás bien? —preguntó con voz suave.
Me incorporé lentamente. Sentía un cosquilleo en las extremidades y una presión molesta en la frente. Todo parecía revuelto en mi mente. ¿Dónde estaba? ¿Qué hac