El vapor aún flotaba en el aire cuando salí de la ducha, el agua caliente no había conseguido apaciguar el fuego que ardía dentro de mí. Me pasé una toalla por el cabello mientras me acercaba al ventanal. La noche en el Quinto Reino era densa, pesada como el hierro que rodeaba nuestras murallas. Por más que trataba de limpiar mi mente, su rostro volvía… ella.
—No hay rastros —dijo una voz a mi espalda.
Me giré. Emir.
Mi único aliado que aún no me mira como un arma. Mi compañero de batalla, un o