ISABELLA
Su enorme cuerpo haciéndome sentir pequeña a pesar de ser una mujer considerada como alta, comparada con él, era una cosita diminuta.
Me cargó como si nada, sentándome de lado sobre sus muslos.
¡Estábamos casi desnudos!, debajo de mi camisa, la brisa abanicaba mi trasero.
¿Tendría que resistirme, cierto?
— E… Espera ¿qué vas a hacer? ¿Por qué te hieres?
Lo detengo agarrando su mano cuando veo una mortal garra saliendo de su dedo y apuntando a su pecho.
— Necesitas tomar de mi sangre, c