NARRADORA
Minatto comenzó a entrar en pánico como nunca.
Podía soportarlo todo menos la muerte de su familia.
“No, el Dios Bestia escuchó mis ruegos mi amor, alguien nos está ayudando, pero ahora, necesitamos que distraigan a los guardias, ¡vamos a liberarlos mi Rey!”
Minatto creía que ya estaba soñando despierto.
Tanto había extrañado a su mujer, a su cachorra, que ya se la imaginaba, sin embargo, pronto comprendió que todo era muy real y que ahora, ellos tenían que hacer su parte.
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¡BAM