— Estoy muy orgulloso, mi lobita fiera, lo hiciste excelente – me elogia acariciando y besando mi cabello y mi alma se siente llena de amor.
— Ahora aliméntate que tienes otras batallas, pero creo que ya se lo pensarán dos veces antes de meterse contigo.
Sonrío en respuesta y mi nariz siente el dulce aroma de su sangre helada, mis labios se pegan a la herida de su pecho y tomo de la fortaleza de mi hombre.
El resto del torneo ese día, fue historia, nadie de mi grupo pudo vencerme.
Verena conven