RAVEN
Y eligió, como era sabido, como la cobarde que siempre había sido.
Comenzó a correr por todo el borde de la arena en su forma humana con la cabeza abajo, la ropa llena de polvo, las palmas de las manos en carne viva y las lágrimas y mocos rodando por su rostro irreconocible.
— ¡¡Ladra para todos, que queremos escuchar lo perra venenosa que eres!! – le grité disfrutando de mi momento, parada en el medio de la inmensa arena.
¿Qué parecía una mujer cruel?
Sí, lo estaba siendo, pero si algo