El rugido que surgió de la loba dentro de ella no fue un sonido común. Era un estruendo que resonó en cada fibra del salón, un pulso de fuerza que sacudió las paredes y la tierra misma. La sombra del elfo se agitó, distorsionándose como si estuviera hecho de humo líquido.
El líder de los elfos oscuros giró hacia ella, y por primera vez sus ojos, ocultos detrás de la máscara ósea, la detectaron, pero mostraron un destello de duda.
—¿Qué… eres tú? —gruñó, con la voz deformada, como si el sonido s