—Vlad, hermano —lo llamó Balde—. Estaré en mi habitación por cualquier cosa que necesites —le dijo al bajar de su camioneta en la entrada de la mansión Drakos. Se giró a ver a Adara—. Doctora, le aconsejo relajarse, aquí no corre peligro, en su casa sí, no confiamos en que ese demonio Rupert se quede tranquilo. No sabemos por qué pero usted tiene algo que atrae el peligro.
Entró a la casa dejándolos solos.
El aire frío del comienzo de la noche golpeaba la piel de Adara mientras miraba alreded