El silencio que siguió a la orden de Irina que Adara escuchó fue tan densa que Ionela dejó de respirar.
«Adara no», escuchó a Jazz.
Tuvo la intención de ir y acabar con ellos al instante.
Ella sintió cómo ese silencio se filtraba bajo su piel como un veneno helado.
Jazz rugió dentro de ella, no como advertencia… sino como sentencia.
«Traición», gruñó Jazz.
La loba no necesitó usar palabras. Adara lo entendió todo de inmediato.
Irina no estaba siendo manipulada, no estaba siendo usada, tampoco e