Vladislav salió hacía el porche de la parte trasera de la mansión, cansado y agobiado, tomó asiento en una de las poltronas del jardín, el viento nocturno lo recibió como un golpe de frío directo al rostro. Recién había entrado a la casa y el tumulto de emociones mantenía su cuerpo caliente. Miró a la distancia, el bosque se extendía ante su mirada afilada, la mirada del licantropo alerta ante cualquier intromisión, oscuro y misterioso. Recostó su cuerpo en forma relajada en contra del respalda