Vladislav se despertó con la sensación de que la noche anterior había dejado cicatrices no solo en su cuerpo, sino también en su alma. La incursión de la bruja, y todo lo que había sucedido, lo había dejado pensando en lo que podría ocurrir si no tomaba medidas inmediatas. Sin perder tiempo, se dedicó a supervisar las medidas de seguridad en la mansión Drakos y en sus alrededores. El viento matutino le helaba la piel, pero su mente estaba absorta en la planificación, en asegurar cada rincón, ca